Día 10 – último día – Melide – Santiago de Compostela 56km

Parecía que iba a llover, por primera vez desde que pasamos Cercedilla en el 2do día nos ponemos algún tipo de abrigo. Se agradece el clima un poco más fresco, nunca llegó a ser desagradable y no llegó a llover tampoco. Parece mentira que haya sido tan perfecto todo, hubiéramos elegido cualquier otra semana del año y el calor o el frío o la lluvia hubiera hecho la experiencia un poco más compleja todavía.

El cuerpo está bien agotado ya, mis tobillos se me han ido hinchando y en la noche no parece darles tiempo suficiente para desinflamarse completamente, no me duelen por suerte, así que al volver iría al médico (que parece que comí tal cantidad de sal en mi alimentación en el camino que retuve líquido, y a los 3 días de tratamiento ya estaba en absoluta normalidad nuevamente).

Raul y Miguel se adelantaron para llegar antes de la 1pm, ya que Raul debía retirar un coche en alquiler que compartiríamos para regresar a Madrid ese mismo día.

Ya la ansiedad de llegar y el cansancio, hacen que se pasen por alto muchas cosas, pero nos queda en el pensamiento que debemos volver, con más calma, y disfrutar de cada sitio que nos apetezca quedarnos o pasar más tiempo, sobretodo sabiendo ya qué esperar. Los sube y bajas rompe piernas se iban sintiendo cada vez más pesados, en la cabeza ya está que quieres llegar, pero de repente aparecía gente que te motivaba, como por ejemplo un australiano que vino a España a hacer el Camino; yo iba tan lento que en cada subida me alcanzaba, en cada bajada lo dejaba atrás y en la siguiente subida me alcanzaba nuevamente, y cada vez que nos veíamos nos decíamos lo mismo “nos vemos en la próxima subida”. A los 13km antes de llegar a Santiago, nos tomamos una foto y ya esa sí que fue la última vez que nos cruzamos.

Luego cuando íbamos por Lavacolla, reconocimos una voz que se acercaba saludando: Benjamín. Nos había finalmente alcanzado. Fue una alegría enorme volverlo a ver, pensábamos que ya no lo veríamos nuevamente. Lo que quedaba de camino lo hicimos los tres juntos. Paramos en el “Monumento de Monte do Gozo”, la última cima antes de llegar a Santiago. Foto respectiva y a seguir. Parece mentira que estamos a tan solo un par de km de llegar. Pedaleamos a penas un poco más y listo… estamos en Santiago. Lo hemos logrado. Es tan surreal, tan espectacular. Lo hemos logrado, y con alegría. Falta llegar hasta la Catedral, pedalear un poquito más, cruzar algunas calles concurridas y escuchas la gaita. Llegamos. Ahora sí. El punto final del destino. Mis únicos pensamientos eran “no puedo creerlo, hemos llegado, no puedo creer que se ha acabado. No quiero volver, no quiero que el Camino termine, aunque al mismo tiempo mi cuerpo se alegra de que ya no le vaya a seguir dando semejante palo” Mezcla de alegría de haberlo logrado, junto cosín la tristeza y melancolía de que haya acabado.

Raúl, Fermín y Miguel nos estaban esperando (Fermín hizo una ruta distinta ya que tenía bici de ruta y no la podía pasar por terrenos de tierra, por lo que terminó llegando primero que nosotros). Tomamos las fotos, Miguel decidió seguir hasta Finisterre, así que nos despedimos, siguió su camino y nosotros fuimos a buscar nuestra Compostelana. Al salir de ahí decidimos comer algo todos juntos y celebrar semejante victoria. Es increíble como experiencias como estas te hacen encontrar familia nueva en tan solo pocos días.

Cerca de las 6pm emprendimos el viaje de regreso, ese mismo día. Muchos pensarán que por qué no nos quedamos más tiempo en Santiago, que es una ciudad hermosa y que hay tanto que ver. Es cierto, pero con el cansancio de la mente y el cuerpo, solo quedaba el pensamiento de llegar a casa, con nuestras gatas, en nuestra cama. Algo me dice que no será mi última visita a Santiago, y le daremos el espacio y energía que esa ciudad merece, es una cuenta pendiente.

La obsesión de la flecha amarilla no termina. Ya en el coche, buscando instrucciones para salir en google, veíamos la flecha amarilla, y el primer impulso es querer seguirla, solo que ahora vamos en camino contrario. Ahora en 6 horas recorremos de regreso lo que nos tomó 10 días de ida, voy regresando en la carretera y al mismo tiempo mis recuerdos del viaje se consolidan. Extraño el Camino y todavía hoy, varios meses después que pude finalmente sentarme a transcribir mis memorias lo extraño.

Hoy – Lo que el Camino me ha enseñado

En Santiago, celebrando la llegada
Cuando Benjamín nos alcanza
En el laberinto para llegar a la Catedral
Después de 10 días y una larga cola, nuestras Compostelanas!
La Meta! Hemos llegado!

      

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